lunes, 9 de julio de 2018

ALQUIMIA PARA NUESTRA PSIQUE-MENTE

“Los valientes que se atreven a descender a los abismos
suelen encontrar la “perla mística”.
J.A.L.


En general todos padecemos los mismos o parecidos dolores y heridas psíquicas, tarde o temprano. Son aquellas que van dejando las experiencias en su transcurrir por nosotros, mientras evolucionamos y de las cuales es conveniente saber curarse como de las físicas, pues si no condicionarán gravemente nuestra manera de interpretar la vida y relacionarnos con los demás. Repitiéndose una y otra vez el mismo patrón de comportamiento, al que nos lleva el eco o los miedos generados por los acontecimientos sufridos y no asimilados del pasado. Son como una semilla contaminada que seguimos sembrando y que produce la misma cosecha de dolor, confusión, incertidumbre y angustia. Coloreando y oscureciendo nuestra visión, atrapados como estamos por viejos esquemas o hábitos mentales y emocionales, que condicionan, de este modo, nuestra forma de pensar, sentir y actuar.

Pero hay una salida de este círculo vicioso, tanto los Grandes Maestros de Sabiduría de todos los tiempos, como los buenos profesionales de la psicología de hoy, nos ofrecen soluciones que de ser aplicadas sobre nosotros mismos, nos van otorgando otra visión y forma de enfrentar la realidad cotidiana, obteniendo paso a paso, el dominio sobre las sombras que antes nos hechizaban.

En el legado que nos ha dejado la Tradición de todos los pueblos, encontramos mitos y relatos que nos hablan de un héroe que se enfrenta a monstruos y pruebas muy difíciles de vencer para un hombre. Y aunque tendrá que ser él sólo quien las supere o venza, encontramos también en su travesía la ayuda misteriosa de algún dios, la posesión de armas mágicas que le acercarán a la Victoria. Su propia sabiduría innata o la guía de algún Maestro se convertirán en la luz que le hará avanzar entre las tinieblas externas e internas, paso a paso disipándolas, con perseverancia, fe y tesón.

Entre los muchos y buenos consejos que he encontrado, me ha parecido sumamente práctico para aplicar sobre nosotros mismos, una Atención Consciente sostenida, de modo que podamos conocernos y así tener opción de transformarnos, y poco a poco dominarnos, a través de la práctica reiterada de pautas de comportamiento más positivas. Esta atención consciente, crea una atención juiciosa, un espacio de claridad que emerge cuando apaciguamos la mente. Nos vuelve receptivos a los susurros de nuestro juicio intuitivo. Nos da claridad y discernimiento. Para “ver las cosas tal como son en cada momento, no como queremos que sean”.

Como comprobaremos esta atención consciente, nos aporta claridad y verdad. Pero hace falta tener el valor de reconocerla y concienciarla, lo cual implica mantener este “ojo” abierto sobre nosotros, sin caer en el escapismo de cerrarlo, negando esas “realidades” que podremos captar con su luz. Esta será la primera batalla a librar y a ganar, como dirían los antiguos egipcios, lograr “abrir el ojo”, recuperarlo. Luego tendremos que conseguir “mantenerlo abierto permanentemente”, poco a poco, practicando esta atención consciente cada vez más prolongadamente, y profundizando con ella en nuestro mundo emocional, mental y espiritual, hasta llegar a la “conquista del ojo” que lo iluminará todo con su sabiduría constantemente como el sol, de día y de noche. Dicen los sabios que en esto consistía la aventura espiritual del pueblo egipcio en “abrir el ojo divino en su interior”.

El Dr. R.D. Laing nos expone esta ceguera en la que caemos por falta de atención, de la siguiente forma:
“El rango de lo que pensamos y hacemos, está limitado por aquello que no advertimos. Y debido precisamente a que no advertimos aquello que no advertimos, hay muy poco que podamos hacer para cambiar esto, a menos que advirtamos el modo en que nuestro fracaso en advertir determina nuestras acciones y nuestros pensamientos”. El primer objetivo, entonces, a conseguir, sería despertar, darnos cuenta de la forma peculiar en que estamos dormidos o sumergidos en el inconsciente.


Para salir de esa “ceguera”, que nos hace creer que nuestras creencias, distorsionadas por nuestros esquemas, son la verdad, hay que tener el valor de cuestionar nuestros hábitos mentales y emocionales, o sea ponerlos en duda, examinar, para reconocer los errores de perspectiva y cambiarlos. Hasta llegar a comprender que lo que pensamos que es la realidad, es tan sólo una ilusión personal, que iremos cambiando, o despejando, en la medida en que nuestra atención consciente, nos facilite poder ver más allá de esos velos, algún día la realidad que escondía toda esa ilusión creada por nuestro mundo emocional y mental, por nuestra subjetividad hecha de miedos, deseos, pasiones, emociones negativas, heridas y esperanzas.


Primero nos recomiendan: tomar distancia, verlos como pensamientos de otro, dialogar con ellos, rebatirlos. Ver que son sólo eso pensamientos, emociones, no realidades, que como nubes oscurecen o tapan el sol de la verdad, que está más allá,  romper así la tiranía mental que ejercen sobre nosotros. Con esto iremos adquiriendo más precisión y claridad, más capacidad para detectar matices, sutilezas y no dejarse atrapar por las luchas emocionales internas.


Hay algo muy importante a comprender, en esta alquimia interior, y es que “la mente capta las cosas tal como le parecen que son, y no como son realmente”. Por lo tanto, deberíamos partir de que no sabemos como son las cosas, porque inevitablemente, las empañamos con nuestra visión coloreada y deformada por nuestros esquemas personales (o traumas), o por nuestra propia ignorancia simplemente. Partiendo de aquí, de una sana humildad, de un querer llegar a conocer la verdad, podemos emprender el viaje de retorno a lo mejor de nosotros mismos, o a la “recuperación de ese ojo sagrado”, como dirían los sabios del antiguo Egipto. De ese Ojo, que nos dará la posibilidad de “Ver y Conocer la Verdad”, trascendidos todos los velos de la ilusión y la pasión que enceguece. Que sabio nos resulta Sócrates, cuando afirmaba: “sólo sé que no sé nada”. Esta sería la actitud correcta del buscador de la Verdad. Luego vendrá el diálogo, la práctica, el orden y la limpieza interior, pero es fundamental partir de esta sana y valiente humildad filosófica, del que quiere aprender, borrando previamente prejuicios, miedos y vanidades, que ensombrecerían nuestra mirada. Y es que la mayor parte del tiempo como enseña el budismo: “alucinamos y no vemos la verdadera naturaleza de las cosas”. Sólo el sabio percibe la Realidad, los demás nos debatimos envueltos en ilusiones más o menos espesas.


Nos explican que si queremos seguir avanzando, tendremos que liberarnos de las costumbres más arraigadas en la mente, puesto que en tanto nuestros hábitos mentales permanezcan, veremos las cosas por lo que nos parecen, no como son. Esto requiere despejarnos de lo que oscurece nuestra mirada; ya sean miedos, deseos, traumas... Abrir “el Ojo”, o mantener la atención consciente sobre nuestros actos, pensamientos y emociones, exige una mirada limpia, de telarañas y colores, que nos permita poder llegar a Ver las cosas como son, no como nos parecen a nosotros, por el impacto que nos causan o por la interpretación que hacemos de ellas. Sino verlas objetivamente con el mensaje que encierran para nuestra personal superación. Entonces podremos volvernos alquimistas de nuestro interior y de nuestro exterior, trasformando las sombras internas y externas con la luz conquistada.


Es importante descubrir entonces, donde está la raíz del problema. Según explica el budismo- que hemos tomado principalmente como referencia-, de la rigidez de nuestros pensamientos y supuestos que se centran en torno a nuestro apego al ego, al yo de la personalidad. Profundizando un poco más, nos expone esa doctrina que siendo la emoción  la que crea el gusto o el disgusto hacia las apariencias que nos rodean, hay que ser consciente de las cosas con ecuanimidad, y no aferrarse al gusto ni al disgusto, que nos puedan causar.


Existen dos maneras de responder al sufrimiento explica el Dalai Lama: “Una consiste en ignorarlo y la otra, en contemplarlo fijamente y penetrar conscientemente en él, para los que practican un camino espiritual, la práctica consiste en penetrar en él”, para descubrir su raíz y extirparla. “La manera en que vemos las cosas, sería su raíz, su causa”. Y es que según como las vemos, así pensamos, sentimos y actuamos. Por lo tanto, el remedio está en nuestro interior. Entre otras conquistas tendríamos que conseguir cambiar la manera en que nuestra mente se relaciona con las condiciones adversas, porque esto sí depende de nosotros, ésta es nuestra elección. Toda experiencia, por más dolorosa que sea, es una puerta oculta que si logramos atravesar con Valor, nos libera de nuestras actuales limitaciones, desarrollando potencias hasta ahora dormidas en nuestro interior y que requieren ejercicio para crece, pruebas para desarrollarse.


Siempre se ha enseñado que: “A un hombre solo se le conoce realmente en la adversidad, y que es ésta la que nos fortalece”. Recuerdo como mi abuela materna siempre me repetía: “Cuando Dios quiere un roble, lo pone en medio de la tormenta”. Por lo tanto, la cuestión no sería esforzarnos en tener, conseguir o conservar circunstancias agradables, sino en aprovechar todas las experiencias que el destino nos depare como parte de nuestro aprendizaje y formación, por muy duras que resulten, pues siempre hay “oro escondido”, para el que sabe buscarlo y extraerlo, en todo lo que nos toque vivir. Más allá del dolor, una vez que trascurre el tiempo, si lo hemos aprovechado, vemos que han sido oportunidades para nuestra crecimiento interior, para ser un poco más buenos, más sabios, más justos, más fuertes.


Cuando el budismo nos habla del “dolor como vehículo de conciencia”, nos expone una Verdad en la que estamos todos inmersos y debatiéndonos, y es que nuestra ignorancia, miedos y apegos generan dolor, pero que existe un vía para liberarnos de él, que requiere conocer la causa y buscar los medios para irnos liberándonos. El nos despierta, nos avisa, nos empuja a buscar la causa, la salida del laberinto, el centro liberador, desarrolla nuestra conciencia, en la medida en que tenemos el valor de “penetrar en él”, buscando trascenderle, no sólo para liberarnos a nosotros mismos de las causas del dolor, sino para poder ayudar a los demás, en la medida de nuestras fuerzas, en este importante propósito de la vida que es la liberación del sufrimiento.


Llegar a “Ver la Realidad claramente y ayudar a despertar ese potencial en los demás”, en esto consistiría la compasión en su nivel superior. No podemos olvidar que según el budismo, la compasión y la claridad mental van, curiosamente, inseparablemente unidas. Para el budismo, la compasión es la cualidad esencial, desde el principio hasta el final del proceso evolutivo. Curiosamente, nos trasmiten que la compasión es la única fuente o fundamento de la omnisciencia (sabiduría). Y que ésta sólo se alcanza después de atravesar el período de purificación de las emociones aflictivas en el seno de la mente. “Deberás purificar tu mente, como se refina el oro”. No es posible como constatamos, “ver con claridad, ver la realidad, sin antes purificar nuestra mente y nuestras emociones de la oscuridad que la empaña”. Será el dolor el que nos obligue o nos guíe, según nuestra elección, en el camino de la liberación, en la búsqueda de la felicidad perdida para todos. En la curación de nuestra ignorancia, a través de la Sabiduría.


En algunas oraciones los egipcios pedían ojos para ver a Amon, el principio oculto, y a Maat, la armonía divina: “Para contemplar tu divinidad, obtener el conocimiento de las cosas divinas y la solución de las tinieblas que limitan nuestra inteligencia”. Y enseñaban: “Cuando el hombre abre su ojo interior a su realidad divina, provoca el nacimiento de ese fuego incorpóreo que es la fuente de todas las mutaciones espirituales”. Egipto no admite excusas de ningún tipo a la falta de atención, la restauración del Ojo se impone como una necesidad vital, ya que este Ojo le incita a mantenerse alerta en todo momento, como guardián de la Justicia, que es también. Para este pueblo extraordinario y poderoso en Magia, “reconquistar la parcela extraviada, abrir el Ojo divino en el interior, es el objetivo del “viajero egipcio”. Y el mejor camino para conseguirlo consiste en hacer la ofrenda, o sea, practicar la magia del don de sí. Ofrecer a los demás la calidad de nuestro Ser.


Transcurrido el tiempo, hoy como ayer, volvemos a las mismas verdades, las de siempre y constatamos una vez más, la necesidad impostergable de reconquistar esa luz interior que nos puede liberar de la maraña de ilusiones en las que estamos inmersos, prisioneros, y que nos empujan a graves peligros personales y colectivos. Ciertamente nos urge a todos “despertar”. Ver, día a día, con más claridad el camino a seguir para trasformar nuestro “plomo en oro”, y como consecuencia dar a luz un mundo mejor.


Mª D. Villegas 
2007-Madrid
fragmento de LA BÚSQUEDA DEL FÉNIX 
(En preparación)

lunes, 2 de julio de 2018

ESTAMOS ANTE EL FRACASO DE UN SISTEMA


"Estamos ante el fracaso de un sistema político, social y económico. Es evidente que todos juntos y sobre todo los más jóvenes vamos a tener que ir planeando, pensando y viviendo un mundo más bueno, un mundo mejor, un mundo más descontaminado, un mundo donde los valores sean completamente diferentes.

Tenemos que crear nuevas cosas, que no serán muy diferentes a las antiguas, ya lo sé, pero que pueden de alguna forma darnos otra vez alegría de vivir, quitarnos el miedo de dentro, porque estoy seguro que las personas que me escuchan, todas han sido víctimas de esas formas de violencia, que si no es el terrorismo a veces puede ser la delincuencia.

Hay un montón de comisiones pro-defensa de los ladrones, pro-defensa de los presos, y no hay una pro-defensa de los ciudadanos que queremos paz, de los que queremos estudiar, que queremos trabajar, que queremos vivir. No existe eso. ¿Por qué? Porque todo es una manipulación mundial, no es algo local. Aquellos que manipulan el terror han logrado asustarnos a todos.

Ahora bien, ¿se puede remediar esto? Yo creo que sí se puede remediar, pero obviamente habría que cambiar primero las leyes, hacer cambios completos y profundos en lo legal que permitan la defensa del ciudadano. Porque hoy el ciudadano está inerme. Evidentemente hay un fracaso colectivo.

Aquí hay algo que es está rompiendo, que está cayendo. Tenemos que tener no solamente la esperanza, tenemos que tener la seguridad de que podemos vencer esta gran crisis histórica, que no solamente pasa en España, pasa en todo el mundo.

Tenemos que ir liberándonos un poco del miedo. La ignorancia trae el miedo.

La ignorancia de nuestra inmortalidad trae miedo a la muerte, la ignorancia de las leyes básicas de convivencia trae todos estos pequeños y grandes siniestros donde se ve la falta de prevención y la falta de ejecutividad.

Este mundo hay que cambiarlo. Pero no lo vamos a cambiar con la violencia. Lo vamos a cambiar desde dentro, desde abajo, quitando las causas, no los efectos. Hay que quitar las causas, hay que poder hacer que todo hombre, toda mujer pueda tener derecho a un trabajo, a un pan, a un techo, a una cultura básica, a un entendimiento, a una justicia, a una protección. 

Mediante el terror nos van quitando cosas, vamos siendo despojados como a pequeños mordiscos -no solamente de nuestra parte material, que no sería nada, porque la parte material es importante, pero no tanto-, pero es que perdemos los pequeños trozos de dignidad, los pequeños trozos de valor que debe tener una mujer y un hombre, para ser mujer y par ser hombre.

Proponemos un reencuentro filosófico con los valores eternos, con aquellos valores que nos van a permitir un conocimiento, y nos van ayudar a no tener miedo, el miedo es el más repugnante de los vicios que puede tener un hombre, o que puede tener una sociedad. El miedo no es humano, es algo como de elementales diabólicos, es algo que nos han inculcado. Debemos liberarnos del miedo, completamente.

Recordar que tenéis un alma inmortal. Recordad que sois damas y caballeros, recordad que tenéis una dignidad.

Un hombre puede vivir sin dientes, puede vivir sin un pie, sin un ojo, pero un hombre no puede vivir sin dignidad. Sin dignidad no se es ya un hombre, sin dignidad se es una bestia.

Tenemos que renovarnos a nosotros mismos y renovar la sociedad en donde estamos con toda la fuerza de nuestros corazones.

Sentid fuerza en vuestro corazón, sentid fuerza en vuestras manos, sentid fuerza en vuestras almas."

fragmentos de la conferencia: ¿Por qué aumenta la delincuencia y el Terrorismo? 
JORGE ANGEL LIVRAGA -1987

 "Magia, Religión y Ciencia para el Tercer Milenio" Tomo VI-Edit. N.A.

domingo, 1 de julio de 2018

BOGANDO CONTRA CORRIENTE



 “Lo que diferencia a un tronco flotante de una barca hecha de la misma madera es que esta última tiene remos y puede bogar contra corriente.” Dr. N. Sri Ram.

Estas palabras las escuché de sus labios en mi ya lejana juventud. La frase no formaba parte de ninguno de sus discursos y no sé si la insertó en alguno de sus libros. Surgió espontáneamente en una conversación.

He meditado mucho sobre ella y a la hora de plasmar los más elevados Ideales en una Escuela de Filosofía a la manera clásica, la parábola del tronco y de la barca estampó su sello en todo pensamiento, sentimiento y actividad.
Por lo general, los hombres y las mujeres son como troncos que han sido lanzados al río de la vida y, primero enteros y secos, luego golpeados y humedecidos derivan siempre en el sentido de la corriente o de los brazos de esa corriente que han desviado los poderosos del Mundo… ¡Allá van!… entrechocándose en inútiles violencias, sucios y embarrados, sin rumbo ni puerto fijo, hasta que se deshacen en astillas y desaparecen de la superficie en este río que no cesa de correr, que no sabemos de dónde viene ni hacia dónde va.
¡Meros troncos, desgajados, cortados, arrastrados de un lado a otro y apenas oponiendo  la resistencia de su propio peso a la corriente! La oscura majada se desliza balando crujidos en su andar incansable y, sin embargo… ¡tan cansado! De día, el sol hace ver la oscura podredumbre de las cortezas y de noche, el tumulto de sombras corre siempre horizontal y sólo por excepción alguno levanta un extremo hacia las lejanas estrellas.
¡El río de troncos!
Cada vez son más y unos con otros se entrechocan, se lastiman, se despedazan… ¡el río de los troncos!… ¡Cuánto he meditado sobre esto!
Pero año tras año aprendí las casi olvidadas técnicas de ir vaciando y alivianando la mole de madera… esa madera de la cual estamos hechos todos. Rápidos golpes de azada en la superficie y carbones encendidos luego, que se renuevan constantemente. La experiencia, aunque se inspire en los grandes Maestros de la Humanidad, es siempre dolorosa e infinitamente larga. Hay que cavar en lo más hondo, donde los egoísmos y las cobardías entrelazan sus fibras retorcidas, y la ilusión te hace creer que tú eres el tronco y que te estás destrozando a ti mismo. Pero el constante trabajador, impulsado por su voluntad superior a todos los quejidos de la materia semipútrida, sigue su tarea.
Poco a poco el otrora basto tronco se va convirtiendo en una embarcación. Se perfilan la aguzada proa y la redonda popa. La otrora herida, cavidad es ahora; un pulido receptáculo para el Alma Viajera.
Con los restos se han hecho los flexibles remos que, según como se manejen, serán impulsores y a la vez timón. Y con inmensa paciencia se van puliendo los toscos costados hasta que se convierten en bordas livianas y sólidas.
Y… ¡así hemos hecho la barca!
La multitud de troncos la mira con mezcla de asombro y de repulsa; le parece vacía, inconsistente, innecesaria, cómica, peligrosa, desechable. Pero es que no es un tronco… ¡Es una barca! Y, por si fuera poco, suele bogar contra la corriente. ¡Esto ya es imperdonable! ¿No estar a la moda, no cambiar de color según el barro que viene? ¿Tener color propio y bogar por encima del lodo, rozándolo apenas?… ¡Inconcebible!
¿Y sus extraños tripulantes?
Dicen éstos que no somos todos iguales, que si lo fuésemos nos podríamos equivocar todos juntos sin esperanza de ayuda de unos a otros, que la igualdad no existe en la Naturaleza ni es cosa posible ni deseable. Que las sanas diferencias embellecen el conjunto y lo arrancan del aburrimiento y del espíritu de majada. También, que las diferentes religiones son adaptaciones en el espacio y en el tiempo de un mismo Mensaje y que, por lo tanto, no hay una mejor ni peor que la otra, ya que, aparte de ese breve Mensaje, todo lo demás lo aportaron los humanos con sus ignorancias y apetitos… Y que se fueron copiando los unos a los otros a través de los miles de años.
Afirman que no creen en Dios, sino que saben de Su Existencia y que ésta es evidente. Basta con conocer y andar las vías para su descubrimiento. Que el Alma es inmortal e incorrupta y que no hay que confundirla con los ropajes y disfraces que adopta periódicamente. Que, si es que hay perdón, éste está más allá de la redención según la ley de acción y reacción y que esas son leyes mecánicas de la Naturaleza: que el que siembra trigo siempre recoge, tarde o temprano, trigo, y el que sembró espinos sólo espinos obtendrá.
El milagro no existe como tal, sólo existen planos de conocimiento. Lo fenoménico es secundario; el sacerdote babilónico que deslumbraba con sus pequeños relámpagos artificiales que le saltaban de una mano a la otra, hoy sería un simple electricista. Y San Patricio un químico que sabría qué ocurre cuando echamos agua sobre el fósforo blanco o la cal viva.
El tripulante de la barca no necesita muletillas de engaños. Busca y encuentra, paulatinamente, la verdad. Pone su esfuerzo en los remos y distingue cosas que los demás no ven, pues rema contra corriente. Va escalando el agua hacia sus fuentes puras y descontaminadas. Hay entusiasmo en su Alma y gusta de la risa y de las cosas bellas.
Le molestan los ruidos cacofónicos y gusta de las hermosas melodías de Strauss, de las catedrales de luces y sombras de Wagner y de las íntimas sonatas de Mozart. No finge ver panoramas más allá de la mezcolanza de ojos, narices y rabos de los modernistas y prefiere caminar por la nieve con Goya, mirar los cielos grises velazqueños, sorprender las lágrimas cristalinas de un Greco o perderse en las calles fantásticas de los murales de Pompeya.
No cree que las drogas sean un bien, sino un mal, pues los que de ellas abusan se convierten en bestias degeneradas, que roban y matan para seguir consiguiéndolas. Tampoco en la sucia borrachera del grito alto y el eructo bajo.
Sí cree en el orden armónico y vital, que sobrepasa al mecanismo ciego de programas ya manufacturados por otros. Cree en la libertad en la medida en que haya personas que la aprecien y respeten la de los demás. Cree en la voluntad, en la bondad y en la justicia, y que un mundo sin estas virtudes es una bola de barro a la que hay que dar formas armónicas, venciendo toda la resistencia de la materia bruta. Cree en un mundo nuevo y mejor… pero para que aparezca en nuestro horizonte, debe haber muchos remeros nuevos y mejores. Los que se abandonan al río de la vida en medio de debilidades y lamentos son inexorablemente arrastrados a su destrucción física, psíquica y mental.
Cree en una ciencia al servicio del Hombre, del animal, del vegetal y, sobre todo, del Planeta en sentido global, pues es nuestra casa cósmica y la estamos derrumbando y desequilibrando. Cree que las estructuras ya viejas e inútiles deben dejar paso, en la renovación natural de la vida, a otras jóvenes y fuertes, sin complejos y limitaciones que huelen ya a podrido, pues son cadáveres a los que la fuerza galvánica del dinero y del poder hace que se contraigan y muevan sus miembros en un horrendo simulacro de vida.
Y… sobre todo… los tripulantes creen en ellos mismos y en la barca que han fabricado.
Cuando pasan remontando el río de la vida, muchos hombres y mujeres de corazón joven y mente despierta se ponen a trabajar y a convertir troncos en naves, para conocer la maravillosa aventura espiritual de bogar contra corriente.


Jorge Ángel Livraga Rizzi.-1989

viernes, 29 de junio de 2018

Las Formas mentales y cómo se dominan


Como la popularización del "esoterismo" (falacia: lo esotérico, al vulgarizarse y darse a conocer a muchos no suficientemente probados, pasa a ser "exotérico"; el Esoterismo real jamás será divulgado «a tontas y a locas» ha creado muchos conceptos y opiniones evidentemente deformadas y carentes de fundamento sólido, lo que, a la larga, beneficia solamente al materialismo y excepticismo históricos, y produce un creciente número de personas destrozadas psíquica y físicamente por los "aficionados" a las llamadas Ciencias Ocultas. Por ello, vamos a poner en claro algunos puntos fundamentales con una intencionalidad puramente profiláctica.

Una forma es siempre mental

La forma no es la materia que la refleja, contiene o expresa. Debajo de una hoja de papel ponemos un imán y sobre ella limaduras de hierro, veremos que el simple amontonamiento anárquico de estas partículas toma la forma de los husos magnéticos emitidos por el imán. La forma de los husos no proviene de la materia, sino de la orientación magnética e invisible que genera el imán. Así, la forma material responde siempre a una forma ya existente en los planos sutiles o energéticos. La variedad de forma energética más sutil que conocemos es la forma mental, pues aun la forma del imán fue pensada, y su magnetismo responde a una modalidad de la Mente Cósmica, adaptada por la mente humana bajo la apariencia del imán. La mente humana es sólo una "cristalización" de la Mente Cósmica en la cual está inserta su voluntad de ser: lo que los indos llaman Manas Taihasi.

Por lo tanto, la forma material es siempre pasajera y perecedera; y vive tanto como la forma mental que la alienta.

Una forma mental tiene gran fuerza


Dada la plasticidad de los planos sutiles, una Idea-Forma tiene una gran efectividad, pues se adapta como Ser para plasmarse en la Substancia del mundo fenoménico, que es el que vulgarmente percibimos. Una forma mental, debidamente expresada y alimentada, produce inexorablemente cambios en la esfera de lo material, que siempre se deja arrastrar por ella, ya que la materia no tiene ni forma ni voluntad, fuera de su propia existencialidad.

Así se encadenan las corrientes de opinión, las modas, la propaganda. Son meras formas mentales dirigidas a obrar sobre la materia después de haber ejercido su poder sobre las mentes abúlicas de los hombres masificados. El llamado en España "chaquetero" no es más que una víctima de esas corrientes, debidamente apoyadas en la robotización de las formas materiales, pre-programadas por formas mentales. Los colores, los sonidos y músicas, las actitudes, las maneras de vivir constituyen la "moral" del momento, o sea, la "costumbre" que rige a las masas. En la lucha de las formas mentales, la más organizada y fuerte se impone, y con los restos de las ideas vencidas construye refuerzos para su propia forma.

Una forma mental tiene gran fuerza pero no es invencible

Acabamos de ver, a grandes rasgos, el poder de una forma mental. ¿Se la puede vencer?

Sí; con otra forma mental de signo contrario y mayor fuerza, sobre todo espiritual, ya que los actos y voliciones expresados en los planos más sutiles tienen prioridad sobre los menos sutiles, que son más lentos y frágiles, por su propia "vitrificación". Una Idea-Forma, motivada por el espíritu y bien delineada por una mente poderosa, puede sobreponerse a las ideas-forma de los vicios y de todo aquello que tenga que ver con el inestable mundo psicofísico. Toda mujer, todo hombre, tienen en su seno espiritual la fuerza necesaria para plasmar y emitir formas mentales. La general debilidad de las emisiones se debe al desconocimiento de la técnica y a las dudas que en sus propias almas ha sembrado la deficiente educación actual, que entroniza la fragilidad, la duda y el capricho. Pero las mentes disciplinadas por el esfuerzo, la voluntad de ser, la carencia de vicios e ideas circulares que consumen energía sin salir de su órbita, ofrecen interesantes oportunidades  de vencer toda forma de adversidad, transmutándola en experiencia positiva y en hechos exitosos. Recordemos que, ultérrimamente, una forma mental se vence tan sólo con otra forma mental. La disciplina física, la higiene, las canciones, los bellos panoramas, los sentimientos altruístas son auxiliares invalorables en la lucha contra una mala forma mental. Son ayudas la oración y el trabajo, el sentido heroico de la generosidad hacia nuestros semejantes y la propia dignidad de la persona.

¿Cómo se domina definitivamente una forma mental?


Primeramente, venciéndola dentro de nosotros mismos.

Quien no se domine a sí mismo jamás podrá dominar su entorno, pues si bien lo analizamos, su primer entorno lo constituyen sus propios vehículos de conciencia en lo pasional, vital y físico.

Quien, sometido a circunstancias más o menos normales, no puede levantarse de la cama por las mañanas aun deseándolo firmemente, no sueñe con levantar ideologías ni tener seguidores, salvo que se trate de tontos. Quien se alza dentro de sí mismo y da la cara a la adversidad o al maleficio es el único que puede vencer esas circunstancias. Quien no lo hace y se rodea de los insectos invisibles de la suciedad mental, es un muerto que camina... y pronto le alcanza la muerte física sin haber dejado en el mundo huella de su paso.

Lograda esta primera fase, la siguiente consiste en ponerlo en práctica de una manera sistemática, sin claudicaciones ni interrupciones. Sabemos que muchos estudiantes odian visceralmente toda forma de disciplina, pero este rechazo ha sido provocado artificialmente por oscuros intereses cuyos "testaferros" son los materialistas de cualquier signo o los pseudoespiritualistas de exóticas anarquías, atrapados por su propia campana magnético-biológica, que los bestializa.

Es fundamental no "dormirse en los laureles", pues la forma mental nefasta pudo haber sido rechazada pero no transmutada. Si pensamos en la plasticidad de las formas mentales, veremos qué difícil es estar seguro de que las hemos dejado atrás. Esa seguridad la darán los cambios que ocurren en la vida de la persona que ha hecho el esfuerzo. Si física, vital, psíquica y mentalmente es más limpio y puro, es que ha triunfado. Si no ocurre eso, sino que se han reemplazado con drogas u obsesiones fanáticas, la vieja forma mental negativa sobrevive, con distinta apariencia.


Un ambiente puro, sanas compañías, rectos medios de vida. Evitar a los "santones" que dan "iniciaciones" en un cursillo de verano; son el más sano preventivo trabajar y estudiar activamente. No dar al sexo más importancia que la que tiene. Cultivar el Amor, la Generosidad, las Artes, Letras y Ciencias. Evitar excesos en el comer, beber y fumar. Mantener todos los días, al acabar la jornada, un breve pero fecundo análisis de conciencia. Creer, no por costumbre, sino por convencimiento interior, en Dios y en la inmortalidad del Alma. Rechazar el mal venga de donde venga. Preferir siempre las músicas y ambientes espirituales a las desenfrenadas orgías. Todo ello conforma un seguro dispositivo vital que nos salvaguarda de caer en las redes de las formas mentales que nos son ajenas.


Quien vive de la forma arriba indicada, se transmuta, lenta pero inexorablemente. Vive a la vez un Tiempo Nuevo, pletórico de felicidad, rico en matices, cargado de posibilidades de triunfo en todos los planos. A ellos no les afectan las formas mentales pasajeras y no se dejan llevar por catastrofismos. Saben que la Voluntad, cabalgando formas mentales nuevas, jóvenes y poderosas, lo vence todo. En cierto modo, ni la muerte existe para estos seres pues se han imbricado en la Vida-Una, la que no cesa jamás. Se renueva, pero no se detiene nunca, con la marcha misma de la Naturaleza.

Un Nuevo Reloj marca para ellos tan sólo horas felices; ellos marchan con el tiempo nuevo. 

Septiembre de 1980-
 Jorge Angel Livraga Rizzi-fragmentos

Por qué no recordamos nuestras anteriores reencarnaciones?




"Todo el mundo recuerda tan sólo instantes breves, fugaces, pero que fueron importantes en su vida, muy importantes. Entonces, una vida de cuarenta o de cincuenta o de sesenta años, puede ser resumida simplemente en cinco, seis, siete horas. De ahí que no solamente no recordamos nuestras encarnaciones anteriores, ni siquiera recordamos la actual encarnación, y tanto es así, que vamos viviendo un poco de instante en instante.

Si a estos jóvenes que me están escuchando les doy un fuerte empujón, en ese momento dejan de escucharme. No voy a hacer la prueba pero en ese momento no me escuchan. ¿Por qué? Porque desciende la conciencia. ¿Qué pasa entonces? Que la conciencia, como dirían los budistas, es como un mono que sube y baja del árbol; la conciencia sube y baja. Si entramos a una iglesia y vemos los altares, el incienso, oímos palabras de paz, palabras de cordura, de espiritualidad, nuestra conciencia sube. Ahora bien, salimos fuera, y decimos: "Oye, ¿dónde venderán bocadillos?", porque nos dió hambre. Ahora la conciencia ha bajado al estómago.

¿Por qué no recordaremos las encarnaciones pasadas, ya que hemos supuesto que las tenemos? Pues no las recordamos, aunque alguno las recuerde, sencillamente porque nuestra conciencia está excesivamente aferrada a este momento histórico, y mal aferrada a este momento histórico, o sea, hay conciencia de este momento histórico, pero no como un eslabón de una amplia cadena de momentos históricos.

No creo que podamos escapar a esta inconsciencia solamente mediante formas de meditación o de poner la mente en blanco. Porque cuando volvemos de esas meditaciones o de esa mente en blanco somos los mismos que éramos antes, exactamente iguales. Lo que hace falta es un cambio paulatino y profundo que se base en elementos cotidianos y no exóticos, de tal suerte, que una persona pueda seguir trabajando pero al darle a su trabajo un contenido diferente, una comprensión superior, ese trabajo se va conformando para él en un instrumento de purificación y de conciencia, de tal forma que ese trabajo ya no es un peso que le aplasta, sino su forma de poder vivir en el mundo y de poder entender la naturaleza. Cuando esa persona quiera leer un libro, en lugar de leer un libro que le incline a las bajas pasiones, va a tratar de buscar uno que le supere, aunque sea un tebeo que nada más le entretenga, pero por lo menos no le va a pudrir por dentro, no le va a crear una podredumbre interior. Y le va a hacer volverse un poco como un niño. Porque según lo que uno piensa es en lo que se va convirtiendo poco a poco. Entonces, todas nuestras ideas, todo nuestro vocabulario se va convirtiendo así.

Hoy en día hay una vulgarización, hay un empequeñecimiento, una enanocracia, que es precisamente ante la cual nos rebelamos. Pretendemos recordar lo que fuimos. Tenemos derecho a ello. Hemos sigo algo, Hemos sigo algo, si no ¿por qué somos todos diferentes? Si Dios es justo, si es bueno, si es como un padre, tiene que dar por lo menos las mismas oportunidades a todos sus hijos. ¿Dónde hay un padre tan malvado que a uno de sus hijos los alimente bien, le dé todas las oportunidades, y a otro le dé de comer piedras? No, no hay un padre tan malvado ni aun en la Tierra, tendría que ser un verdadero depravado. ¿Cómo entonces puede hacer nacer a alguien jorobado o cojo o pobre, o con una serie de pasiones que le carcomen, y a otro le hace nacer bello, rico, inteligente, espiritual? ¿Por qué unos encuentran la compañía de su vida y otros no la encuentran jamás?¿Por qué unos tienen acceso no solamente a las riquezas del mundo sino también a las riquezas del alma, y otros no tienen acceso nada más que a trabajar como esclavos toda la vida hasta que alguna vez una viga que se desplaza o una piedra que se cae los mate, los hunda en el fango? Es obvio que hay un karma, que hay una causa de todo ello.  Y si eso se da en este plano de conciencia, consecuentemente, es que hemos tenido esa experiencia en este mismo plano de conciencia, donde lo venimos a reparar, donde lo venimos a completar.  ¿Qué encarnación, qué vida nos sirve para para todo, para cumplir todo lo que querríamos hacer?


De alguna manera todos nuestros sueños se van a plasmar en algo, y también nuestros terrores nos vienen de alguna parte. Si somos todos diferentes es porque tenemos diferentes formas de haber vivido a través de miles de encarnaciones. ¿Cómo podemos recordar nuestras encarnaciones pasadas? Os dije una de las claves: convertir nuestro trabajo, lo que estemos haciendo, no en un martirio, sino en una forma de realización; y también estudiar los viejos textos. Platón, por ejemplo, en muy pocas palabras dice una verdad enorme, por boca de Sócrates:

"Quién nace de la vida?
La muerte
¿Y quién nace de la muerte?
Es preciso confesar que la vida.

Entonces, de lo que ha muerto es de donde nace todo lo que tiene vida. Los vivos nacen de los muertos lo mismo que los muertos de los vivos"

Que hablemos de estas cosas, y que además de hablar de estas cosas, ejecutemos los elementos necesarios para nuestra purificación, que nos vayan llevando poco a poco al conocimiento de nosotros mismos. No solamente el conocimiento aquí y ahora, sino también el conocimiento en el pasado, porque si conocemos nuestro pasado tendremos también la certeza de nuestro futuro. Entonces, dejaremos de sentirnos como subhombres, terminará la enanocracia, los hombres tendrán su verdadera dimensión y ya no tendrán fe en Dios simplemente por miedo, sino que tendrán fe en Dios por convencimiento, porque verán a Dios en todas las cosas, porque su inmortalidad no será un elemento más de creencia o un razonamiento, sino que su inmortalidad será algo efectivo y válido en cada momento de su vida, y les bastará un simple esfuerzo de la voluntad para salir de su cuerpo, entrar de nuevo y saber que no se muere saliendo del cuerpo.

Esto no es un cuento ni una paradoja, es una realidad, una realidad de poderes que hemos olvidado, una realidad de conocimientos que yacen quizás en continentes sumergidos…. No se accede a este tipo de conocimiento y este tipo de experiencias en un año ni en dos; ni poniendo la mente en blanco, en verde o en rojo. No. A esto se accede trabajando a través tal vez de toda una vida. A esto se accede dejando un poco de lado la suciedad del mundo, volviendo a ser limpios, volviendo a ser como los niños. A esto se accede teniendo verdaderamente amor en el alma, descartando los métodos violentos, descartando todo aquello que nos separa de nuestros hermanos que son los hombres, y aún de nuestros hermanos menores que son los animales, los vegetales y las piedras.

Debemos tener ese sentido de armonización con toda la naturaleza. La naturaleza es generosa, es como una madre, si le damos uno nos da diez, y si al mismo tiempo pensamos en ella como en un camino en donde se puede ver más allá del horizonte; entonces, empezamos a saber y sobre todo a vivir.Ya no precisamente demasiados libros ni demasiada razón ni demasiada lectura, porque la real filosofía, no es la imagen que os han dado en el siglo XX de un señor angustiado que va con cinco o con diez libros debajo del brazo. No, el verdadero filósofo es el hombre que puede apreciar los amaneceres, los atardeceres, la caída de las hojas; es el hombre que sí lee libros pero también los escribe, es el hombre que pinta, que hace música, que conversa, es el hombre que trabaja, que sabe que con cualquier cosa que haga si lo hace con verdadero sentido de realización está llegando y acercándose a la realidad".





Fragmentos de la conferencia:
 "¿Por qué no recordamos nuestras anteriores reencarnaciones?"  
Jorge Angel Livraga Rizzi- Mayo 1981
"Magia, Religión y ciencia para el III Milenio" Edt. N.A.

miércoles, 27 de junio de 2018

LOS SIETE CAMINOS DE LA REALIZACIÓN ESPIRITUAL



El primer camino, pues, sería el camino de la voluntad. Todos sabemos que la voluntad se manifiesta en una suerte de deseo interior que pretende llevar a cabo alguna acción. Actualmente, nuestra voluntad se ve amenazada por una masificación artificial que aprovecha los cauces de la propaganda de masas, así como distintos elementos, que propicia la plutocracia del manejo de las grandes sumas de dinero, y que acaba por arrancarnos nuestro verdadero ser interior. Cuando pedimos algo, generalmente no pedimos lo que queremos, sino lo que la propaganda hace que queramos. Cuando se va a votar no se hace por un sentir interior, sino por lo que se leyó en los carteles o por lo que nos introdujo artificialmente cualquier medio de comunicación. Esa voluntad no es nuestra, sino que nos la han incrustado desde afuera.


De ahí que tengamos que robustecer el camino de la realización de la voluntad a través del individuo interior. No hablamos de individualismo, en el sentido de un egoísmo que nos separe de los demás, sino de ser quienes somos, no por orgullo, sino por amor a la verdad, porque ni Dios ni nadie puede quitarnos nuestra propia esencia, el ser quienes somos. Con nuestros defectos, con nuestras pequeñeces, con nuestros miedos interiores y con nuestras dudas, somos, sin embargo, cada uno de nosotros, piezas irrepetibles de la Naturaleza. Somos diferentes, y tenemos, precisamente en nuestra singularidad, un valor especial, como si fuésemos pequeñas artesanías hechas a mano, creadas por la mano de Dios, de tal manera que tenemos una marca particular que nos indica que no hemos salido de ninguna especie de cadena de montaje.
El segundo camino es el de la intuición, el de la religiosidad. En él, es fundamental la iluminación espiritual, aunque hoy en día esta expresión da lugar a muchas interpretaciones.

Debemos entender que los colores se ven porque existe la luz. Si la luz se apaga, todo se verá casi del mismo color, y en la oscuridad no vamos a distinguir la luz ni el color. Es la luz la que nos permite ver los colores. Sin luz no podemos distinguir las cosas.

Del mismo modo, para poder asentar nuestros valores necesitamos luz, espiritualidad y, en palabras simples, religiosidad. No creemos que el hombre se diferencie del animal simplemente por un problema evolutivo, sino, precisamente, porque el hombre puede ser religioso. El hombre más primitivo, perdido en las selvas, en las sabanas, en las montañas lejanas, pone una piedra sobre otra y adora al Ser Desconocido, creador del universo. Este hombre levanta su brazo y trata de señalar el horizonte de donde le vienen todas las cosas. Ningún animal puede hacerlo; ningún animal siente en sí la religiosidad.

Hoy, que vivimos en un mundo de ciega competencia, ¡qué hermoso sería un poco de amor!, pero no en el sentido común de la palabra, sino un amor profundo que, como dijo Jesucristo, nos haga amar a los demás como a nosotros mismos, y aun en algunos casos, más todavía. Ese sería un seguro camino de la realización.

El tercer camino de la realización pasaría a través de la mente. Hay quienes afirman, sobre todo en ciertas escuelas demasiado influidas por un orientalismo mal entendido, que no hay que razonar ni pensar.

Una vez le preguntaron a Sócrates de dónde venían los muertos, y él contestó que de los vivos. Luego, le preguntaron de dónde venían los vivos, y él dijo que de los muertos. Explicó toda la teoría de la reencarnación en solo cuatro palabras. Si se piensa bien, se ve que, sea o no cierto, desde el punto de vista racional, tiene una cierta lógica imbatible.

Los sistemas de silogismos, encadenados de una manera correcta, son necesarios para la comprensión de un mundo que tiene un trasfondo lógico. De ahí que se hable del logos del mundo, de su parte inteligible. De ahí también que, aun en los libros religiosos, que utilizan palabras sencillas para llegar a todo el mundo, dicen que fue «el Verbo, o sea, «la Palabra» aquello que despertó todas las cosas.

La razón concreta y cotidiana nos da la posibilidad de un conocimiento aproximado, ya que podemos medir, pesar y comparar. Un objeto es viejo comparado con otro más moderno, y nuevo comparado con otro más antiguo, o grande y pequeño siguiendo similar comparación. Sin embargo, algo no puede ser viejo y nuevo a la vez, o grande y pequeño al mismo tiempo, por lo que vemos que es preciso utilizar otra vía para poder entender el mundo y entendernos a nosotros mismos, y saber dónde está la verdad; por la vía cotidiana las cosas se nos esfuman, al carecer de cualidades reales. De ahí, ese tercer camino, el camino eminentemente filosófico a la manera clásica, de la mente pura y abstracta.

El cuarto camino es el de la realización a través de la mente concreta. Sería la posibilidad que tenemos de ensamblar y reunir las cosas materiales, manifestadas. Podemos trazar una serie de cálculos, de apreciaciones, y gracias a eso, podemos hacer negocios, escribir libros, conversar, basándonos en una comprensión de lo cuantitativo y evidente. La memoria nos permite recordar y nos ofrece esa pequeña conciencia de saber quién es cada uno de nosotros. Este es el cuarto camino de la realización
El quinto camino es el de las emociones. Conocí a un viejo filósofo hindú, hace muchos años, que me decía que no se puede matar una emoción baja, un instinto, con la simple razón, sino que hay que transmutarla, y, de alguna manera, convertirla en una emoción elevada. Así pues, podemos elevar nuestras emociones. No hay que emocionarse solamente por una comida o una buena botella de vino, sino que también es necesario poder emocionarse con Wagner, con un cuadro, con una escultura, con el Partenón o con las pirámides. Hace falta, a veces, llorar en medio de la noche, pensando en los que tienen hambre o frío, y en los que tienen miedo.

Las emociones deben ser como los árboles. Deben levantarse verticales y abrirse hacia el cielo, en innúmeras manos, como las ramas de los árboles, en donde haya pájaros que canten y nidos que prometan nuevas primaveras. Este es el quinto camino de la realización: a través de la emoción, la emoción alta que se siente en presencia de una obra de arte o de nuestros seres queridos. Hay que elevar el alma, levantar el ánimo, tener emoción no solo para las cosas de abajo, sino también para las de arriba.

Todos los árboles necesitan raíces, pero las raíces se justifican por los troncos verticales y las ramas. Si los árboles no tuviesen troncos verticales y ramas, y pájaros, y frutos, y flores, ¿de qué nos servirían? Un árbol sería solamente un trozo de materia hundido en el suelo. Y estamos cansados de trozos de materia hundidos en el suelo

Queremos levantar nuestras emociones. Queremos volver a emocionarnos con la amistad, con el amor, con el heroísmo, con la lealtad. Queremos sentimientos de verdad, al estilo platónico, que sean capaces de darlo todo y no pedir nada. Ese sería el quinto camino.

El sexto camino de la realización es aquel que nos viene de la parte vital. De la sola observación de la vida podemos captar todo aquello que Dios nos ha dado en esta tierra.

Si miramos atentamente, si vemos cómo ha sido diseñado un pez, de qué manera vuelan las aves, sus formaciones en «V» (que fueron aplicadas en los aviones), que los pájaros utilizan desde hace millones de años porque cortan mejor el viento, comprenderemos la sabiduría que encierra la vida.

Antes de que los físicos descubrieran la capilaridad, la vida hizo subir la savia por los troncos de los árboles y por los tallos de las rosas, permitiéndonos tener flores y perfumes. La vida es lo que hace reír a los niños y pone paz en los ojos de los ancianos, porque saben –aquellos que son sabios– que la vida no comienza ni termina, sino que sigue, va más allá de la muerte y estaba también antes de nuestra cuna.

Este sería el sexto camino de la realización a través de la observación de la vida, y a través de una vida recta, de una vida limpia, de una vida ordenada, de una vida que no  haga daño a los demás.

Finalmente, el séptimo camino de la realización es el camino físico. El camino físico es el más simple y a la vez el más difícil de todos, sobre todo en este momento histórico. Todos los pueblos, todos los hombres han creído siempre que vivían un momento especial de la historia, estamos en un gozne histórico, estamos incluso ante el probable advenimiento de una nueva Edad Media, dado que los sistemas que nos rigen, en la práctica, son completamene inoperantes.

Hace falta una gran renovación, hace falta un cambio profundo para que todo esto siga marchando. Y marchará porque la humanidad se ha levantado mil veces de catástrofes mayores. Pero hace falta volver a nuestras raíces, a las cosas tal cual son, nos hace falta salir un poco de la mentalidad consumista, de la vida estilo "cadena de montajes", nos hace falta volver a hacer las cosas con las manos, sentir de nuevo la piedra y la madera, ponerle a las cosas nuestro sello personal. Y ése es el séptimo camino de realización.

No podemos escoger un camino u otro, tenemos que reunir todos estos caminos porque el hombre es una amalgama. Somos lo uno y lo otro y lo que desconocemos...En mí está lo físico, está la vida, están las emociones, están los pensamientos, están las intuiciones que nos hablan al oído, está también el alma, y está el espíritu, aquello que permanece más allá de todas las cosas, aquello que en los fracasos nos dice, como Cristo a Lázaro: "Levántante y anda"

En este mundo injusto, en este mundo donde existe la explotación, en este mundo donde existe el miedo, en este mundo donde existe la violencia, tenemos que levantar de nuevo nuestros estandartes espirituales, sin miedo.  Las adversidades deben ser para nosotros peldaños en los cuales apoyarnos para subir más arriba, para llegar más adelante.

Que nadie reniegue de su propio ser, que nadie reniegue del hecho de ser un ser humano. Marchemos siempre adelante

 Jorge Angel Livraga Rizzi-1984
fragmentos de conferencia
MAGIA, RELIGIÓN Y CIENCIA PARA EL TERCER MILENIO -TOMO VI
Edit. N.A.